EL TALÓN DE AQUILES DE LA TRANSFORMACIÓN ARGENTINA DE LA DÉCADA DE LOS ‘90
PARTE I
LAS CAUSAS DEL FRACASO
“EL ENGAÑO DE LA "JUSTICIA SOCIAL”
Un magnífico espíritu está invadiendo el mundo: Es el espíritu de la Libertad. Pero este noble invasor, el único anhelado, en todos los tiempos, por todas las civilizaciones, ha llegado mutilado, lamentable¬mente, a nuestra República Argentina y hoy se halla en estado involutivo. Este benigno espíritu, a su paso, está sembrando progreso, cultura, paz, pleno empleo, crecimiento económico, riqueza y bienestar para todos, en las naciones civilizadas.
Como bien decía Jose Ortega y Grasset: "No sabernos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa".
Y lo que nos pasa, que no lo sabemos, es que no contamos, los argentinos, con una dirigencia entendida en materia económica, fundamentalmente conocedora de lo que una economía libre es. A lo que se suma que ni la dirigencia, ni el pueblo, hemos vivido, por lo menos desde el año 20, bajo una verdadera economía de mercado, o de economía libre. Debido a esas dos grandes carencias, el lento experimento de libertad económica que se pretendió introducir en la República Argentina a partir de 1989, después de unos años, fracasó.
Esa ignorancia y esa falta de experiencia destruyeron, a la postre, la economía nacional, la paz social, la seguridad, los sueños y las esperanzas de los argentinos. Esa ignorancia estuvo basada, repito, en el desconocimiento de lo que realmente es una economía libre.
Tal como lo demostró el premio Pulitzer Daniel Yergin ("Pioneros y Líderes de la Globalizacion"), de los tres grandes paradigmas fundamentales, que han dominado las alturas del pensamiento filosófico, político y económico durante el siglo que pasó: las ideas de Marx, las ideas de Keynes y las ideas de Hayek, en el mundo actual predominan las ideas de Hayek.
Pero aquí, en Argentina, al revés de lo que está ocurriendo en las naciones prósperas y pujantes, donde esas ideas de Hayek se encuentran hoy en pleno funcionamiento, predominio y ebullición (es ese "espíritu benigno" que actualmente está invadiendo el mundo), aquí todavía, ni siquiera, han empezado a conocerse, difundirse y germinar. Y por eso estamos como estamos.
Friedrich August Von Hayek enseñó al mundo que, además de una moneda no inflacionaria, de una economía desregulada y de empresas privatizadas, la economía libre, para que realmente pueda desarrollarse, debe responder a señales muy precisas de precios, no afectados más que por los reales costos de producción, incluida una carga impositiva racional, mientras que aquí sucede lo contrario, es decir, existen altas tasas impositivas, y éstas se vienen a transformar en mecanismos de destrucción de la economía de mercado.
Es que la verdadera, sutil pero profunda, causa del desempleo creciente y su consecuencia directa: el aumento de la criminalidad y la marginalidad, el motivo de las recesiones y de una economía tambaleante residió en que no se previó, al momento de sancionarse, en 1991, la Ley de Convertibilidad, que el 1 a 1 con el dólar no podía ser compatible con unos altísimos impuestos, los que se habían creado, durante las dos décadas anteriores, justamente para compensar las inflaciones ("efecto Tanzi"), pues el estado, cuando finalmente percibía los impuestos, las percepciones le llegaban tremendamente desvalorizadas y devaluadas.
Esos altos impuestos, los más altos del planeta, al sumarse entre sí, desprovistos ya de aquella compensación inflacionaria, actuaron como mecanismos de destrucción de la economía libre o de mercado.
Actuaron tal y como lo hace una lombriz solitaria en el cuerpo de un hombre. Por más que este coma, y coma, el monstruo oculto se apodera de la mayor parte, dejando a la pobre víctima enflaquecida, sin fuerzas para trabajar y vivir y propensa fácilmente, por su debilidad, a contagiarse de cualquier enfermedad.
Esa lombriz solitaria, económico social, de los altos impuestos, impidió el crecimiento económico armónico, de todos los habitantes de la Nación. Impidió que se produjera, como ha ocurrido en otras naciones del planeta, el fenómeno positivo de la gran capitalización de los activos de todos los habitantes. Y nos predispuso al contagio de problemas externos.
Es que se nos dijo, desde las más altas esferas del poder, que estábamos poniendo en práctica el capitalismo; pero sin saber, esos mismos dirigentes, que capitalismo significa que los habitantes de un país se capitalizan. Se capitalizan todos en la medida de su trabajo. La consecuencia directa, de ese desconocimiento de nuestros dirigentes, la apreciamos hoy por doquier, la vemos a nuestro alrededor: Los comerciantes están descapitalizados. Los industriales están descapitalizadas. Las Pymes están descapitalizadas. Los hombres del campo están descapitalizados.
Exhibimos al mundo el triste espectáculo de un Capitalismo sin capital y de un Mercado sin mercado. Pues los comercios y las industrias no tienen a quien venderle sus mercaderías. El pueblo, por falta de poder adquisitivo, o por falta de confianza en sus gobernantes, no las compra. Y este círculo vicioso se retroalimenta cada día más.
Si el 1° de abril de 1991, cuando comenzó a regir la convertibilidad, a aquel IVA inflacionario del 18 % se lo hubiera llevado, desde ese día, al 10, ó al 6 % y, simultáneamente, se hubieran eliminado también, otros impuestos distorsivos, como el de los ingresos brutos, la economía argentina, que en 1991 creció al 11 %, no tengamos dudas, hubiera seguido creciendo magníficamente, año tras año al 10%, al 15 %, o al 20 % anual. Como ocurrió en Hong Kong, o en la China Roja capitalista, durante ese mismo período.
Y el desempleo que en 1991, a dos años ya de haber comenzado las privatizaciones, era de tan sólo un 6%, hubiera seguido bajando al 5, al 4, o al 3 %. El 3,5 %, tengamos presente, es casi el límite, es el desempleo friccional, es el nivel de lo que técnicamente se denomina "pleno empleo".
Cuando se llega a ese nivel óptimo, de "pleno empleo", o aún antes, el precio de la fuerza del trabajo comienza a crecer aceleradamente. El promedio de los sueldos de los trabajadores, empleados, obreros, etc, por la incesante demanda de empleo, por la competencia empresarial por conseguir mano de obra, se incrementa. Estos hubieran pasado, de un promedio de 600 dólares, como era en aquel entonces, a 800, 1.000, 1.500, o 2.000 dólares como lo son, hoy en día, en las ricas naciones capitalistas del planeta. Ello hubiera producido un correlativo mayor consumo, por el incremento paulatino del poder adquisitivo de los argentinos. El consumo interno habría crecido cada vez más. Y el círculo virtuoso de la economía se hubiera expandido, fatalmente, produciendo un bienestar parejo para todos los habitantes de la Nación Argentina.
¿Pero qué se hizo en 1991? Observamos que, a partir de ese momento, se hizo exactamente lo contrario. Se mantuvieron firme los altos impuestos de las épocas de inflación. Sin embargo en 1991, pese a ello, la economía creció al 11 %.
Expliquémoslo: ello fue debido a que la gente, a partir de allí, comenzó realmente a capitalizarse. Reinvertía todas las ganancias, en todo tipo de comercios, servicios e industrias. El futuro era claro. Pero lo que funcionaba realmente era la economía subterránea, negra, o informal, o como se la quiera denominar, la que en realidad, aunque no nos guste, o queramos reconocerlo, es la verdadera economía libre. La gente, acostumbrada a no pagar impuestos debido a que el Estado, en los inflacionarios años anteriores, ni se los cobraba, por lo complejo de poder hacerlo en esas circunstancias, cada gobierno de turno prefería echar mano al fácil expediente de la emisión monetaria sin límites. El no pagarlos permitió, entonces, ese gran crecimiento económico de las personas y de las empresas, de la economía real, en 1991.
Pero, más tarde, el gobierno de entonces, al haberse prohibido, a sí mismo, imprimir billetes, cometió el gran error de comenzar a expoliar al pueblo cobrando, realmente, esos múltiples, altísimos impuestos, los que terminaron destruyendo, a la postre, por descapitalización, la economía de cada habitante y de cada Pyme. Y, por ende, la economía de toda la Nación.
Es lo que el conferenciante denominó: “El efecto Tacchi de las consecuencias no deseadas”. El gobierno de aquel entonces instrumentó, a partir de 1992, un sistema eficiente para recaudar mejor, con facturas “A”, “B” y “C”, debidamente registradas ante el ente recaudador, con “cajas negras” y “cajas blancas”, con sucesivas moratorias que eran verdaderas zanahorias destinadas a recaudar más y a registrar siempre nuevos contribuyentes los que, al morderlas, descubrieron que, a la corta o a la larga, no podrían cumplir con las cuotas y con los altos intereses de esas múltiples moratorias. En fin, cuando el estado comenzó, efectivamente, y con todo éxito, a recaudar más, vino con ello a deprimir totalmente a la actividad privada.
¿Y que hacía el gobierno en forma simultánea? Aumentaba tremendamente el gasto público. Lo elevó, de $ 20.000 millones en 1991, a $ 50.000 millones en pocos años, sin darse cuenta que, simultáneamente, estaba ordeñando a todos los ciudadanos, productores y consumidores, como a una vaca lechera.
Y después de cuatro años, en 1995, cuando el gobierno descubrió que ya no le alcanzaba para financiar el creciente dispendio y la corrupción de los políticos y funcionarios depredadores, aumentó aquel exorbitante IVA, del 18 % al 21 %. ¿Pero que hizo respecto del resto de los impuestos?¿ los bajó? No, en absoluto. También los aumentó.
Aumentó el impuesto a las ganancias de las empresas del 30 al 35 %. Introdujo el curioso “invento criollo” del cobro anticipado del impuesto a las ganancias, del impuesto a la ganancia mínima presunta. Y como la recaudación seguía sin crecer como esperaba, el confiscador estado le agregó, a los ciudadanos, un impuesto por IVA a los intereses que regían sobre los altos punitorios por los descubiertos de los bancos, un IVA sobre los intereses financieros por cualquier endeudamiento y hasta sobre los intereses que cada pobre diablo tuviera que pagar por la financiación de un autito usado. O por la hipoteca de una casita, un departamento o un pequeño terrenito ubicado en el paraje más pobre. Hasta un aberrante IVA a la salud que ya produjo el encarecimiento de las operaciones y tratamientos y el aumento de las cuentas de las medicinas prepagas, poniendo en riesgo la salud de la población.
Ya en 1995 el componente de impuestos que tenía oculto cada artículo, bien, o servicio, que adquiriera cualquier ciudadano, tenía un componente fiscal del 57 %.
En diciembre del 2000 ya llegaba al 62 %. Esto significa que, en la práctica, del neto de cada sueldo, descontados ya los abultados impuestos laborales, el 60 % se lo lleva el estado en lo que consume cada persona. O sea que el argentino trabaja mucho más de la mitad de su vida para mantener a un Estado corrupto, dilapidador e ineficiente.
Por ello podemos afirmar que en la Argentina de antes, ya éramos siervos del estado, porque éste era el dueño de todas las empresas de servicios, que eran verdaderos monumentos a las coimas y a la corrupción, las que se financiaban con una fabulosa emisión monetaria que producía una inflación promedio del 30 %, que la pagábamos cada uno de los argentinos, en medio de una loca carrera que siempre perdimos. Pero ahora somos mucho más siervos o esclavos que antes, pues la exacción o robo del estado, no es ya del 30 %. Ésta pasó a ser, como vimos, del 60 %; que nos la saca sutilmente, diariamente, hora por hora, minuto a minuto, a través de todos nuestros consumos, pues no debemos olvidar que, en la práctica, en el día a día, somos los consumidores, o sea los 37 millones de habitantes, seamos ricos o pobres, los que pagamos todos, absolutamente todos -y cada uno de los impuestos.
Ellos salen, literalmente de nuestros bolsillos, en el momento exacto de cada pago que hacemos, pues las empresas siempre calculan sus ganancias después de impuestos.
En la vida real somos los ciudadanos quienes, en nuestro carácter de insoslayables consumidores, pagamos el impuesto del IVA, el impuesto a las ganancias, el impuesto a los ingresos brutos, los impuestos internos, y hasta ese IVA a los intereses antes mencionado. Pues todos pasan a ser parte constitutiva del precio de cada artículo, o servicio, que consumimos. Aunque no lo veamos, el impuesto siempre está. Aunque no lo veamos, el despojo institucionalizado siempre está.
Este trabajo pretende señalar el camino que recorrieron las naciones más prosperas del planeta para aniquilar, en su momento, tremendas crisis de recesión y desempleo:
Cuando se reducen fuertemente los impuestos, la economía libre se expande de una forma tal, que corta la recesión. Crecen la industria, el agro, la ganadería, la exportación y el comercio. Aumentan el empleo, el nivel de los sueldos, la riqueza personal y el consumo interno. Aumenta la base tributaria y el estado recauda más. Esto es lo que hay que hacer y no la devaluación de nuestra moneda.
El maestro de Hayek, Ludwig Von Mises nos enseña:
“Si los impuestos se incrementan sobrepasando un limite moderado, dejan de ser impuestos para transformarse en mecanismos de destrucción de la economía de mercado".
Esto es, precisamente, lo que ha venido ocurriendo en Argentina desde 1991. Se pretendió hacernos vivir bajo la égida de una economía de mercado pero, en la práctica, nunca la tuvimos.
Los altos impuestos sobrepasaron todos los limites y destruyeron esa misma economía de mercado al impedir que florezca, abortándola en sus raíces. Y lo hicieron al igual, como ya dijimos, que lo hace una lombriz solitaria. A los altos impuestos no los vimos físicamente, pero ellos se comieron todo. Dejaron a los argentinos en derrota, descapitalizados y paupérrimos, sin empresas, sin comercios y por ende, sin empleos.
Hoy el cuerpo económico social esta flaco y enfermo. La "Tenia Saginata Nacional" de los tremendos impuestos amenaza con eliminar totalmente al enfermo. La Argentina está ya al borde del caos social. Sus 900.000 Pymes están casi paralizadas. Se ha cortado la cadena de pagos y las quiebras aumentan un 30 % cada mes. Se ha cortado, también, la cadena de compras y no hay ventas que alcancen a cubrir, ni siquiera, los costos de mantenimiento de una pequeña empresita.
Y cuando la Argentina estaba ya muy mal, pero muy mal, en 1999, el nuevo gobierno electo pretendió hacer funcionar las Pymes, el consumo interno y la actividad privada con nuevos impuestazos, el segundo de ellos encubierto bajo el eufemismo de "rebaja de sueldos”. Las consecuencias están todas a la vista.
PARTE II
EL CAMINO PARA UNA GRAN RECUPERACION
UN SHOCK GENERAL DE CONFIANZA
Para solucionar estos gravísimos problemas, se necesita, ya mismo, la implantación de un Plan estratégico Nacional de Crecimiento que corrija estos graves errores y distorsiones que arruinaron al país. . . .
Ese plan estratégico abarcativo debía consistir en anunciar un genuino gran shock de confianza general, el que se tenía que basar no en devaluar, ni en tomar más deuda pública, ni en nuevos impuestos, sino en un gran programa que mejorara, en forma sustancial, el modelo de libertad económica que la Administración de la década del ’90 no supo articular adecuadamente.
Ese gran shock de confianza, el único posible, ya lo han llevado a cabo 26 naciones del planeta con un éxito espectacular. Actualmente la gran prosperidad de España se basa, fundamentalmente, en la drástica baja de impuestos que implantó el gobierno de José María Aznar para terminar con la recesión y el desempleo. EEUU, cuando sufrió una gran recesión, durante la década del 70, mucho más grave que la de la argentina actual, solucionó el problema bajando fuertemente los impuestos, lo que permitió que la economía libre floreciera, los capitales afluyeran y el consumo creciera y que el desempleo bajara del 12 % en 1976, a 4 % en el 2.000. En EEUU los intereses bancarios eran, a fines de la Administración Carter, del 20 %, como los de la Argentina del 2000. El impuesto a las ganancias, que era del 70 %, lo fueron reduciendo, durante la época de Reagan, al 28 %. Y ante un problema similar que se insinuaba el año pasado, la solución implementada por el presidente Bush fue la misma: REDUCCIÓN DE IMPUESTOS.
El escritor y economista Guy Sorman nos decía en 1989, en el capítulo titulado, precisamente, '”No hay Prosperidad sin baja de impuestos”, de su libro "Los verdaderos pensadores del siglo XX":
“... no cabe ninguna duda de que el gran crecimiento es la consecuencia de la buena política aplicada por Reaqan. La segunda medida decisiva, histórica, de Ronald Reagan fue la reducción de las Tasas más elevadas del impuesto (..:). La consecuencia inmediata fue la de devolver a los ejecutivos, a los dirigentes y a los creadores de empresas, el gusto por Trabajar y por Innovar. Además numerosos empresarios del mundo entero, sobrecargados de impuestos en sus propios países, afluyeron a los Estados Unidos donde contribuyeron y siguen contribuyendo a crear riqueza. Mientras que antes las tasas confiscatorias impulsaban hacia el fraude, la evasión impositiva o comportamientos irracionales, el nuevo régimen fiscal condujo de nuevo, a los individuos, hacia las actividades productivas. todos esos efectos benéficos explican por qué la reducción del impuesto sobre las ganancias no ha costado nada ni afectado el presupuesto del estado. Como lo había presentido el economista californiano Arthur LAFFER.”
El plan estratégico consiste en anunciar a los argentinos (y a todo el planeta para atraer inversiones extranjeras directas y genuinas) , GARANTIZANDO LA ESTABILIDAD JURÍDICA Q UE LO IMPLEMENTARÁ, A TRAVÉS DE ORGANIZMOS
INTERNACIONALES, que la Argentina va a corregir este tremendo desequilibrio pasando a implantar, de una vez por todas, una verdadera economía libre, con la reducción de todos sus impuestos en tres etapas del 30 % cada una.
Esto significa que en Ia primera etapa se debe reducir el IVA del 21 aI 15 %, y el impuesto a las ganancias al 20 % para todos los contribuyentes, lo que debería comenzar a regir en forma inmediata para evitar cortes en las cadenas comerciales, especialmente en las compras. Ello en forma simultánea con un blanqueo generaI de capitales y con una amplia y generosa moratoria, la que no debería incluir intereses.
En las dos etapas siguientes, tras el tremendo crecimiento económico que se va a producir por parte de los particulares, las Pymes, la bolsa, las grandes empresas y el concomitante incremento de la recaudación tributaria, el IVA se deberá reducir al 10 y al 6 % respectivamente. En igual proporción todos los demás impuestos nacionales, provinciales y municipales.
El momento ideal para llevarlo a cabo, para implantarlo, es cuando existe una gran recesión porque, al revés de lo que ocurre en las épocas de inflación, durante la recesión existe gran abundancia de factores de producción inactivos y de bienes y servicios que no se adquieren.
En las épocas de hiperinflación, recordemos, hay desabastecimiento, no hay papel, ni papas, ni mercaderías en las góndolas de los supermercados, ni en los estantes de los negocios. Existe una super escasez.
Durante la recesión tenemos exactamente lo contrario. Existe exceso de oferta de bienes y de factores de producción inactivos, con poca demanda por falta de compras.
El exceso de bienes y de factores de producción, combinados con la reducción de los abultados impuestos, hará que los comerciantes, supermercadistas, industriales, etc., para poder vender, trasladen esa baja de costos a los precios de sus mercaderías. Bastará que un solo supermercado los traslade para que (como ocurrió el 1° de enero de 1999 con Wall Mart y Sam’s Club, cuando el estado nacional bajó el IVA a la carne, verduras y hortalizas), el resto de todos los supermercados haga lo mismo, dentro de sus competitivas "guerras de precios".
La rebaja de los precios, por la baja de impuestos, incidirá en el poder adquisitivo de cada ciudadano, el que aumentará en forma proporcional y este aumento del poder adquisitivo se va a traducir, inmediatamente, en un mayor consumo, por mayores compras, todo lo cual impulsará hacia arriba la espiral virtuosa de la economía.
El resto ya se puede vislumbrar: el país mejorará, el desempleo bajará a niveles insospechables, la recesión finalizará y las inversiones, el crecimiento y el consumo florecerán por doquier, como ocurrió en 1991 con la Ley de convertibilidad.
Vimos en aquel momento cómo, con una idea capitalista muy sencilla (el uno a uno con el dólar de la Nación supercapitalista del planeta, de la Ley de Convertibilidad), se terminó con el largo y complejo problema de una crónica inflación de 40 años de duración y se consiguió generar, en forma inmediata, un gran crecimiento económico.
Hoy, este mecanismo de mercado, también muy sencillo, el de una drástica reducción de todos los impuestos, que el "Financial Times" de Londres denominara, en su oportunidad, "La Revolución de la Reforma Tributaria", así como funcionó bien en las economías capitalistas de todo el planeta, va a funcionar también muy bien en Argentina. Es una sana ley de la naturaleza que, corno decía Juan Bautista Say : "Los principios de la economía como las leyes físicas no son de ningún modo obra de los hombres; no se los establece; se los encuentra; ellos gobiernan a los legisladores y a los príncipes y jamás se los viola impunemente. "
En el Capitulo "EL ATASCAMIENTO CONTÍNUO”, de su famoso libro: "LA CRISIS DEL CAPITALISMO ARGENTINO", bajo el subtítulo "ORÍGENES DEL ATASCAMIENTO", su autor PAUL H. LEWIS, nos alertaba entonces:
"Argentina no constituye sino un ejemplo extremo de un gigantesco estado corporativo que ha surgido gradualmente en casi todo el mundo, pero sobre todo en los países industriales y semiindustriales de Occidente.”
“Dos grandes guerras mundiales y la gran depresión originaron el crecimiento hipertrófico de una activa burocracia intervencionista apuntalada en su "clientela", la que acepta su existencia a cambio de la seguridad y las prebendas que le ofrece.”
“Las políticas publicas se generan cada vez más por la interacción de los altos funcionarios con los grupos de intereses organizados, ya sea que ésta tenga lugar bajo la fachada de un sistema parlamentario o, más abiertamente, sea regida por una alianza tecnocrático militar.”
“Este sistema corporativista tiene una tendencia innata a crecer, según la ley de Parkinson, en procura de instaurar un Estado permanente cada vez más perfeccionado en el control de todas las variables concebibles que pudieran trastocar el equilibrio social.”
“Sin embargo, ese crecimiento debe nutrirse de una CRECIENTE RECAUDACIÓN FISCAL Y de créditos. En este proceso se CONSUME UNA SUMA CADA VEZ MAYOR DE CAPITAL. QUE, DE OTRO MODO, SE DESTINARÍA A LA INVERSIÓN PRODUCTIVA EN EL SECTOR PRIVADO Y, al mismo tiempo, IMPONE A LOS CIUDADANOS MÁS PESADOS TRIBUTOS.”
“Aquí radica la verdadera contradicción de este sistema burocrático pluralista: con su consumo voraz, sus gastos dispendiosos y sus complicados procedimientos burocráticos, provoca la ruina de la moneda y del crédito nacionales.”
Si Argentina anunciara al mundo que se va a transformar en una verdadera Nación capitalista, o de economía libre, tal como la soñaban Sarmiento, Alberdi y Belgrano, eliminando las distorsiones y asimetrías de un modelo confiscador y altamente defectuoso, atraería inmediatamente buena parte de las más de 45.000 grandes empresas transnacionales que protagonizan, actualmente, los dos tercios del comercio mundial.
Bastaría con atraer solamente un 10 % de todo ese conglomerado internacional, o sea 4.500 nuevas empresas, para que toda la Argentina, cada provincia, cada ciudad, gracias a esas Inversiones Extranjeras Directas se llenaran de exitosas fábricas, comercios e industrias de todo tipo. Las que serían, ahora realmente sí, muy competitivas ante el mundo, pues contarían con muy bajos impuestos (en Japón el equivalente a nuestro IVA es del 2,5 %, en Taiwan del 5 %, en los Estados Unidos del 6 %, en Hong Kong del 0 %).
A ello debemos añadir que las 900.000 Pymes actuales, que en este momento son “motores no movidos”, volverían a funcionar bien, progresando, interactuando las unas con las otras, como aceitados engranajes de la inmensa maquinaria económica de la Nación. Por supuesto, estas 900.000 Pymes en prosperidad, cuyo número se iría acrecentando notablemente, también interactuarían económicamente con las nuevas Inversiones Extranjeras Directas y con las grandes empresas que todavía aún sobreviven.
Pero para poder entender todo esto debemos limpiar de nuestro cerebro las telarañas mentales del error, debemos despojarnos de la clásica mentalidad “estática” que considera a la economía como una torta cerrada de la que sólo se puede, y debe, sacar tajadas y rapiñar.
Debemos incorporar a nuestro pensamiento las profundas y maravillosas ideas del austríaco Von Hayek, sus grandes descubrimientos científicos en materia económica que, como dije, le hicieron merecedor, primero a él y luego a 21 de los posteriores seguidores de esta escuela de pensamiento de la libertad, del máximo galardón del mundo: El Premio Nobel.
Debemos acceder a él, estudiar profundamente e incorporar, por su superioridad incontrastable, este nuevo paradigma mundial que entiende el concepto DINÁMICO de la economía libre.
Este Concepto dinámico, que debe suplantar al estático en nuestras mentes, nos enseña que la verdadera causa de la riqueza de las naciones se debe a la libre capitalización de sus gentes, lo cual ha permitido, desde los comienzos del capitalismo hasta nuestros días, que esas ganancias invertidas y vueltas a invertir y reinvertir, durante lustros, décadas y siglos, se constituyeran, como lo hicieron, en elementos de mayor producción, crecimiento, consumo, excelencia, progreso, riqueza y empleos.
Una economía libre no debe ser nunca vista desde el punto de vista de “suma cero”, como el que se emplea en las economías socialistas, o en las corporativas que ya predominaban en la edad media. Los grandes cambios del mundo, ocurridos durante los últimos 300 años, se deben a que los individuos, pudieron trabajar, inventar, crear, comerciar y producir sin límites. Todo ello produjo, gracias a esa inmensa capitalización del fruto de su trabajo, año tras año, la gran riqueza que actualmente disfruta el mundo occidental. Todas las maravillas que disfrutamos los seres humanos, la luz eléctrica, el cine, el teléfono, los rayos “x”, la tomografía computada, la cirugía láser, la heladera, la radio, el automóvil, la televisión, el lavarropas, los ascensores, la aviación, etc., sólo existen porque provienen del occidente capitalista. Han nacido todos ellos, sin excepción, de empresas privadas.
Y como lo demostró en 1976 nuestro conferencista Alberto Aguilar en su trabajo titulado "el milagro más grande de la historia", jamás un avance o invento de la humanidad salió de adentro de las fronteras de un sistema socialista: ni de los 74 años de marxismo soviético, ni de los 34 del socialismo alemán, etc. Es que de ahí sólo salieron sangre, terror, sudor, miserias, asesinatos y lágrimas. Por eso los pueblos sojuzgados por estos sistemas artificiales de vida, contrarios a la naturaleza humana y a la realidad del universo, sistemas que han provenido de un error de los grandes intelectuales, terminaron derribando, de adentro para afuera, dentro de una inmensa implosión de protesta, las maquinarias socialistas estáticas que los condujeron al fracaso.
¿Porqué Argentina perdió el siglo XX? ¿Cuál es la causa del gran desastre argentino?
¿Se puede resumir, o aislar la causal, como lo hacen los científicos biológicos, cuando aíslan un virus, una bacteria o el gen equivocado de un cromosoma?
Sí, se puede. Debemos hacerlo. Es obligatorio.
El virus social, o el gen mental equivocado, que pervirtió y arruinó las mentes de todos los dirigentes que supimos conseguir y votar, consiste en el error metafísico, en la falacia intelectual, de la “JUSTICIA SOCIAL".
Ya en 1944 Friedrich August Von Hayek alertaba al mundo, en su obra "Camino de Servidumbre", que el comunismo, el nazismo y la justicia social eran tres grandes errores garrafales, económicos, sociales, morales y políticos que conducían, inexorablemente, a los pueblos, a una nueva clase de servidumbre humana: la de ser siervos de los políticos.
Por ello su libro fue prohibido, por subversivo, en la Alemania ocupada de 1945, de común acuerdo, por los cuatro aliados EE.UU, la URSS, Inglaterra y Francia.
Pero sus demoledoras criticas científicas a estos tres colosales nefastos sistemas: el comunismo, el nazismo y la justicia social, y sus grandes ideas de verdadera libertad, finalmente triunfaron. Hayek obtiene, en 1974, el Precio Novel.
A partir de ahí, a mediados de la década del 70, Chile incorpora estas ideas y comienza a crecer vertiginosamente. Un poco antes habían hecho lo propio las naciones del este que se autotransformaron, a las que se dió en llamar, por su salto al futuro, los “tigres” y “dragones” del sudeste asiático. Las incorporan definitivamente en los años ’80 los EE.UU de Reagan y el gobierno conservador de Inglaterra a través de su “ministro del pensamiento” Keith Joseph. Australia y .Nueva Zelanda también hicieron lo propio.
Y todas estas naciones han venido creciendo sin cesar hasta el presente, con algunos altibajos, por cierto, cuando estas ideas fueron dejadas de lado, pero con el triunfo final que actualmente exhiben dentro de un nivel de vida de progreso y bienestar, donde prácticamente han conseguido derrotar la miseria y la pobreza excepto, claro está, las que siempre agregan las inmensas masas de inmigrantes que, día tras día, huyen de los "Paraísos Socialistas", o de los “Paraísos de la Justicia Social", como el nuestro.
¿Porque afirmamos, como los premios Novel Von Hayek, Milton Friedman, James Buchanam, George Stigler, Gary Beker, Rober Lucas, Robert Mandel, y otros, que la “Justicia Social” es un engendro nefasto, destructor de todo progreso, crecimiento y prosperidad nacional?.
Porque la Justicia Social solamente funciona en paralelo con el concepto, también equivocado, de la “Redistribución de la riqueza”, magníficamente desarticulado por Hayek en su obra “Los fundamentos de la libertad”, de 1960.
La "redistribución de la riqueza" parte del pensamiento estático de la "torta dada de la riqueza". el que es erróneo, pues en la realidad ocurre lo contrario. Los que mantienen este error intelectual nunca entienden que la riqueza es una torta increada que se la puede y se la debe hacer crecer, infinitamente, sin limites, pues cuando se permite a los seres humanos trabajar en libertad, la heurística de ellos, o sea la capacidad de inventar, idear, descubrir nuevas oportunidades donde otros no las ven, origina incrementos monumentales de riqueza, sin cuya intervención primigenia, la libre acción humana de esas personas, no hubiera sido posible esa riqueza.
Y es que para poder llevar a cabo la redistribución de la riqueza, (o sea el pensamiento basado en la envidia igualitaria, que afirma que es muy "injusto" que unas personas, los empresarios, los fabricantes, etc., acumulen millones, mientras los obreros y empleados perciben infinitamente menos), se debe hacerlo compulsivamente. Pero para poderlo poner en práctica, los políticos depredadores no encontraron otro mecanismo que sacarles recursos, por medio de impuestos, a los que producen y crean, ¬para que el estado (léase esos mismos políticos depredadores) los "redistribuya", magnánimamente, entre los pobres.
Pero en ese proceso de succionar la capitalización de los empresarios mediante impuestos, producto directo de la eficiencia en atender correctamente los requerimientos de los consumidores, en lugar de ser destinado a nuevas inversiones, nuevas fábricas, más productos y más empleos, como era el sueño de sus legítimos dueños, los políticos depredadores lo retiran del circuito económico de la libertad creadora y lo dilapidan en burocracia, corrupción y en repartir el despojo que queda entre los "necesitados", a cambio, por último, de sus votos.
Es que no debemos olvidar que ellos saben muy bien y lo practican cada día, aquello de que: "el que parte y reparte se queda con la mejor parte ".
Es así como con sus altos impuestos, los políticos depredadores, sólo consiguen menos fábricas, o las paralizan como ocurre en Argentina, logran menos comercios, menos fuentes de trabajo y obtienen más y más pobres.
Pero a esos pobres, que los mismos políticos depredadores han fabricado, los pretenden recompensar con el producto de más impuestos. Impuestos que vuelven a cercenar, o a destruir la economía libre. El sistema se espirala, como en un cuento de nunca acabar.
Veamos un ejemplo de la vida real:
Supongamos que con un nuevo impuesto el estado obtiene 5.000 pesos mensuales de una Industria "X". Esos 5.000 pesos representaban, en la industria “X”, 5 empleos de 1.000 pesos mensuales cada uno. Ahora esos 5 empleos de 1.000 pasaron a ser historia. La Industria “X”, al carecer de ese capital, que el estado se llevó en impuestos, tuvo que prescindir de 5 trabajadores. Esos 5 trabajadores pasaron a ser 5 desempleados. Ahora bien, en nuestro país, tal como surgió de un estudio llevado a cabo por Franco Caviglia, del partido Acción por la República, el estado consume el 89 % de lo que recauda en el aparato estatal, corrupción, burocracia, etc. y redistribuye sólo el 11 % restante entre los necesitados.
Siendo un poco más generosos y considerando un gasto por burocracia, dilapidación y corrupción de sólo el 80 %, tenemos entonces que el estado les devuelve 1.000, de esos 5.000 obtenidos por impuestos, a los desocupados. Esto significa 5 subsidios, por desempleo, de 200 pesos cada uno.
Tenemos entonces que el estado primero destruyó 5 puestos de trabajo genuinos de 1000 pesos cada uno. Luego de su actuación prestidigitadora, el estado providencia, a esas mismas 5 personas, que había dejado previamente sin trabajo, viene después y les hace el generoso obsequio, de una limosna, de 5 mensualidades, por desempleo, de 200 pesos a cada una.
Por supuesto, estas 5 personas, que se habían acostumbrado a vivir con 1.000 pesos por mes ejerciendo un trabajo digno...¿Cómo se sentirán ahora que han pasado a percibir la quinta parte, o sea sólo 200 pesos, dentro de la indignidad y tristeza de un vivir inactivo, sin ubicación en el mundo y de un estrechamiento máximo en la alimentación y cuidado propios y de sus familias?
Multipliquemos esas 5 personas a las que el estado destruyó sus empleos (y el producto de sus empleos o sea las mercaderías que se han dejado de fabricar y los consiguientes factores de producción inactivos), por 500.000 y arribamos a la cifra de los actuales 2.500.000 de desempleados argentinos.
Lo que esas personas no saben es que el propio Estado limosnero, impulsado por sus políticos depredadores e ignorantes, utilizando la falacia de la redistribución de la riqueza, fue el que los dejó sin su trabajo.
A mayor recesión y desempleo, producidos por esos altos impuestos, más burocracia, más "ayuda social" para paliar los resultados nefastos de la "inmensa máquina de empobrecer y de impedir" que han creado ellos, los políticos depredadores.
Por supuesto, según ellos, la culpa de todo la tiene la economía libre, por el afán de lucro de los empresarios, comerciantes e industriales, (nunca supieron que lucro proviene del latín “logro” y que el afán de lucro, es precisamente eso: "afán de logros"). No tienen presente que ningún empresario, comerciante, industrial, u hombre de negocios, jamás se ha llevado nada a la tumba. Y que, en cambio, durante su vida, trabajan intensamente, muchas más horas que otros, preocupándose constantemente en procurar la manera de vender cada vez más produciendo artículos cada vez mejores y más baratos. Y acumulando fortunas que existen en forma de fábricas, talleres, cines, comercios, edificios de oficinas, maquinarias y millones de productos que circulan, día y noche, por los caminos del planeta para satisfacer las necesidades, siempre crecientes, de millones de seres humanos consumidores. Parece que, o no lo saben o siempre fingieron ignorarlo.
La falacia destructiva de la Justicia Social solamente funciona mediante impuestos, en sus tres variantes keynesianas:
1) Con la emisión monetaria, que es una forma de impuesto oculto, pues los ciudadanos lo pagarnos mediante la inflación con la desvalorización diaria de los sueldos de los trabajadores y de los ingresos de los comerciantes y empresas, etc.
2) O también, descubrieron, que pueden llevarla a cabo financiándola con emisión de deuda, la que a la postre, como sabemos por haberlo experimentado en carne propia, se termina pagando con más impuestos. La deuda publica son impuestos futuros, cuyo momento de pago, simplemente, es pateado para más adelante.
3) O, lisa y llanamente, con la abultada recaudación fiscal diaria a través del IVA, ingresos brutos, impuestos internos, retenciones, etc., que hace que paguemos mucho más del doble del precio real por cada artículo, bien o servicio que consumimos.
Vemos que, en la práctica, la Justicia Social solamente se puede llevar a cabo con impuestos de uno u otro tipo. Pero siempre con impuestos, que inexorablemente pagarnos todos los ciudadanos en nuestro rol de consumidores.
Si sacamos el componente fiscal que tiene una factura de teléfono de 100 pesos, ésta se reduciría a 40 pesos. Lo mismo para el gas, la electricidad, las zapatillas, un traje o una bicicleta. Sin los impuestos, los argentinos pagaríamos mucho menos de la mitad por cada cosa que adquiriésemos. Pues sin impuestos, como en Hong Kong (no existe IVA y el impuesto a las ganancias, que sólo se les cobra a las grandes empresas), la economía sería tan rica, dinámica y competitiva, que los precios se reducirían al 20 o al 30 % de lo que son ahora.
La canasta familiar que hoy se calcula en 1.100 pesos, se reduciría a 300 pesos. Pero la gente, en esa dinámica economía, asimilada al nivel mundial, no ganaría un promedio de 400 pesos sino de 2.000. Sueldo que le serviría para poder alimentarse muy bien y le sobrarían 1.700 para poder acogerse a una medicina privada prepaga de 200 pesos mensuales y hasta contar con un colegio privado para sus hijos, donde no le enseñen marxismo, como en las escuelas y universidades públicas de Argentina.
Si tenemos presente que los impuestos siempre los pagamos los consumidores en todo lo que adquirimos, vemos que hasta a los mismos pobres el estado les roba un 60 % de sus sueldos mediante impuestos, para destinarlo a otros pobres fabricados por el mismo estado depredador y destructor de fuentes genuinas de trabajo. Algunos afirman que cuando un pobre de Salta, que gana 100 pesos por mes, se compra una latita de coca cola, el IVA del 21 % que paga, el estado lo utiliza para pagarle la universidad estatal al hijo de un rico comerciante del barrio de Palermo, que gana cien veces más.
Esta es sólo una muestra de las miles de asimetrías que se producen, en la vida real, con los impuestos provenientes de la falacia de la "Redistribución de la riqueza" derivada, a su vez, de la tan cacareada "Justicia Social".
Es el robo o despojo, legalmente organizado, a escala nacional, desde el estado, por el estado y para el estado.
El mito de la Justicia Social lo mantuvieron, y lo mantienen, los dirigentes del peronismo, del radicalismo y hasta los propios militares durante décadas y décadas.
Y así le fue a la Argentina. Y así nos fue a los argentinos.
Por eso perdimos el lugar de gran potencia económica mundial que gozábamos a principios del siglo XX. Por eso hoy, en el siglo XXI, Argentina es el país que cuenta con la mayor y más prolongada recesión y estancamiento del planeta.
Francis Mahaffy nos enseñó: “La igualdad económica o la redistribución de la riqueza no pueden lograrse, como no sea usando la fuerza bruta y aplicando un trato desigual y, por ende, injusto, a los ciudadanos individuales. Cuando esta política es adoptada por el estrado, deja de prevalecer la justicia; el adjetivo "social" destruye al sustantivo “justicia”.”
Y volviendo al premio Nobel Von Hayek. Sobre este tema nos decía: “Igualar la utilidad de los servicios personales diferentes rendidos a la sociedad, significa igualar, forzadamente, méritos desiguales, o ajustar nuestras remuneraciones a nuestras necesidades y no a nuestros merecimientos"
Estos pensadores, como vemos, han utilizado el termino "fuerza" constantemente. ¿Que nos han querido decir? Que atrás de la Justicia Social se esconde siempre el cañón de un arma.
Tenemos que entender que el estado, para recaudar los impuestos destinados a los pobres que previamente produjo, sólo lo puede hacer mediante el "poder" del fusil de su “poder” de justicia, unido a su brazo armado, que es el "poder" de policía. Si Ud. no paga esos impuestos, por considerarlos injustos o "vaciadores" de la economía libre de su país, tarde o temprano será embargado y sus bienes rematados y si se resiste a ello, será encarcelado o muerto.
No permitamos más, retrucándolos con argumentos, que falsos y embusteros políticos depredadores nos vengan con la "sonata filosófica criolla" del "sentido social”, o que “el bien común debe estar por encima del simple ciudadano". Tras la fachada de esos altisonantes esloganes, siempre se esconde un político ladrón que pretende aumentar los impuestos y “vivir” a costillas de los que trabajan. Personaje que siempre, invariablemente, es enemigo de la libertad económica, del capitalismo moral y de una verdadera sociedad de hombres libres y productivos.
En noviembre de 1977 Alberto Aguilar tuvo el honor de conocer personalmente, en Buenos Aires, al premio Nobel Hayek a quién presentó su descubrimiento de que la verdadera causa de la riqueza de las naciones se debe a las ganancias invertidas y vueltas a reinvertir, por parte de los particulares y las empresas, desde los albores de la revolución industrial hasta nuestros días. Y de que todas las maravillas técnicas y los bienes y servicios de la civilización, que hoy en día disfrutamos, provienen de ellas.
Hayek entonces le dijo: “Joven Ud ha dado en el clavo, esa es la verdadera causa de la riqueza de las naciones. Su descubrimiento completa y hace entendible el pensamiento de Adam Smith sobre, "la mano invisible", pero la humanidad no creo que esté, todavía, preparada para aceptarlo o entenderlo”.
En 1977 Estados Unidos se estaba cayendo en pedazos y como explicaba en sus libros Guy Sorman: todo el mundo por entonces creía que la bandera roja, con la hoz y el martillo iba a ondear, finalmente, sobre la faz de la tierra.
¡¿Habrá llegado el momento de difundirlo ahora?!
Víctor Hugo decía: "Mas poderosa que las armas de los ejércitos es una idea cuyo momento ha llegado".
El término Justicia Social no debe confundirse con la caridad, o ayuda que puedan llevar a cabo las ONG (organizaciones no gubernamentales) como las iglesias, las sociedades de fomento o de beneficencia, o los comedores para pobres, o la ayuda desinteresada o que puedan poner en práctica las miles de fundaciones, o los particulares y las empresas.
La caridad debe ser y es, algo intrínsecamente voluntario y no coercitivo. La moral no puede ser forzada. Sería una contradicción en sus términos.
La caridad privada estimula la virtud, mientras que la distribución coercitiva, por la mano del estado, fomenta el vicio y la indolencia. Cuando el estado asume el rol de dispensador de la justicia social, surgen conflictos entre agrupaciones de individuos, pues todos pretenden estar en las “filas” de los que quieren sacar provecho de esta "justicia redistributiva".
Nunca debemos olvidar lo que nos enseñó S. S. LEÓN XIII en su Encíclica “Rerum Novarum” en el capitulo “LA DESIGUALDAD DE LOS HOMBRES”.
"Quede ante todo, como principio y fundamento para la solución anhelada, que no hay más remedio que atenerse a la humana condición que impone que no todos sean iguales, los de arriba y los de abajo. Preténdenlo, en verdad, los socialistas. Pero es inútil y vano su empeño. Como contraria que es tal pretensión a la naturaleza misma de las cosas. Pues la propia naturaleza ha puesto en los hombres muchísimas y muy grandes desigualdades. No son iguales los talentos de todos. Ni igual la inteligencia. Ni la salud. Ni las fuerzas. Y a la inevitable desigualdad de todo esto, sigue espontáneamente la desigualdad de las fortunas.”
“Lo cual es ciertamente provechoso, por lo demás, a la utilidad misma, tanto de los particulares como de la colectividad. Pues la vida común necesita, para su desarrollo, facultades diversas y oficios diferentes.”
“Y lo que mueve principalmente a los hombres a ejercitarse en distintas industrias, es principalmente la diversidad de fortuna entre los unos y los otros.”
Acabamos de leer las palabras de Su Santidad León XIII en su Encíclica “Rerum Novarum” en el capítulo “LA DESIGUALDAD DE LOS HOMBRES”. Aclaro, no son las palabras de un fabricante de barcos, o de un tendero, sino las de Su Santidad León XIII.
Porque, justamente, deseamos ver un mejoramiento económico y social genuino y duradero por parte de los más pobres y de los que no lo son tanto, es que bregamos por la verdadera libertad y la verdadera Justicia. Ellas son las que traen trabajo genuino y duradero y terminan con todas las recesiones, desempleos y pobrezas.
En las naciones civilizadas, donde imperan la verdadera libertad y la verdadera justicia, ya no hay pobres ni marginados.
En cambio, en las naciones como la nuestra, en donde se ha instrumentado la coercitiva justicia social redistributiva, siempre se ha conseguido obtener mayor miseria y mayores lágrimas. Es hora que nos demos cuenta, tomemos conciencia, y dejemos de caer en la trampa de los corruptos políticos depredadores, que siempre nos han envuelto con este canto de sirena, para poder amasar, ellos, sus grandes fortunas personales.
El estado sólo puede emplear el arma de la fuerza para redistribuir los ingresos. Comienza mal, con violencia, destruyendo fuentes de trabajo y los sueños de los emprendedores. Y termina peor, pues siempre produce más pobres de los que tenía al principio. Muchos afirman: es que los políticos depredadores, si no hay pobres los inventan, los fabrican. Si no ¿de que viven? ¿Cómo consiguen sus votos? Si no existen pobres, entonces ellos tienen que producirlos. Porque si no, se quedan sin su trabajo. O, mejor dicho, se tienen que poner a trabajar. Porque no se puede llamar trabajo a aquello que consiste en el despojo, la depredación y en fabricar miseria.
Las políticas fiscales de “Redistribución de la Riqueza” siempre causan mayor pobreza.
Seguramente muchos de Uds. habrán escuchado, alguna vez, la expresión mundial, “Hacer Dinero”, aplicada a la industria o al comercio.
Hoy, debemos entenderla correctamente, los argentinos, si queremos llegar al Pleno Empleo, a la riqueza y al Bienestar General.
El popular dicho “Hacer Dinero”, significa algo absolutamente ético: significa producir o comerciar una mercadería o un servicio, sin recurrir a la estafa, al engaño, o al dolo, o sea, sanamente, a cambio de un premio: el dinero. Trabajando honradamente. Es decir, entregando Valor por Valor. En forma voluntaria, sin compulsión de ninguna especie.
Pero el dinero, o la riqueza, se “hace” y "crece" con sus infinitas reinversiones, antes de poder ser “repartido” por alguien.
Y sin embargo, no hace falta nunca que sea "repartido" o "redistribuido" por "alguien". Pues siempre va a seguir creciendo y redistribuyendo riquezas, indefinidamente, mediante bienes cada vez más baratos y abundantes; lo que a todos beneficia con novísimas fuentes de trabajo para la humanidad.
Guy Sorman ha resumido el tema en una frase magnífica:
"El Capitalismo Redistribuye las Riquezas al mismo Tiempo que las Crea; si no las Redistribuyera se Agotaría por falta de Mercado"
Reiterémosla, porque contiene el germen de la sabiduría humana en filosofía económica: "El Capitalismo Redistribuye las Riquezas al Mismo Tiempo que las Crea; si no las Redistribuyera se Agotaría por Falta de Mercado "
Otro ganador del premio Nobel de Economía, el de 1976, Milton Friedman, nos dice sobre este problema:
“La distribución de la renta es aún uno de los campos donde el Estado ha causado más daño con algunas de sus medidas, de lo que ha podido compensar con otras. Esto es un ejemplo más de cómo se suele justificar la intervención estatal basándose en los supuestos defectos del sistema de empresa privada, cuando en realidad, muchos de los fenómenos contra los que se quejan los defensores del estatismo son, de por si, creaciones del Estado”.
El economista argentino Juan Carlos Cachanosky, miembro del cuerpo de profesores de ESEADE en “Reflexiones sobre la Inflación ", Editado por la Fundación bolsa de Comercio de Buenos Aires en 1980, reproduce en su página 58 estos interesantes pensamientos de Ludwig Von Mises:
“El saber acumulado por la ciencia económica forma parte fundamental de la civilización; en él se basa el industrialismo moderno y en el mismo se ampararon cuantos triunfos morales, intelectuales, técnicos y terapéuticos alcanzó el hombre a lo largo de las ultimas centurias.”
“El género humano decidirá si quiere hacer uso adecuado del inapreciable tesoro de conocimientos que este acervo supone o si, por el contrario, prefiere no utilizarlo.”
“Ahora bien, si los mortales deciden prescindir de tan espléndidos hallazgos y menospreciar las correspondientes enseñanzas, no por ello acabarán con la ciencia económica; se limitarán a destruir la Sociedad y a aniquilar al género humano.”
El dinero no es en sí, ni bueno ni malo. Son las personas las que pueden hacer un buen, o un mal, uso del dinero. Y la humanidad no encontró, hasta el presente, otra forma de progreso económico que el que se obtiene cuando se utiliza el dinero como delicado, volátil, pacífico y voluntario medio de intercambio.
Uno de los filósofos más preclaros del siglo que se acaba de ir, el español José Ortega y Gasset, nos explicaba hace ya muchos años:
“No hay nadie civilmente privilegiado. El hombre medio aprende que todos los hombres son legalmente iguales. Jamás en toda la historia había sido puesto el hombre en una circunstancia o contorno vital que se pareciera, ni de lejos, al que esas condiciones determinan.”
“Se trata, en efecto, de una innovación radical en el destino humano, que es implantada por el siglo XIX. Se crea un nuevo escenario para la existencia del hombre, nuevo en lo físico y en lo social.”
“Tres principios han hecho posible este nuevo mundo: La Democracia Liberal, la Experimentación Científica y el Industrialismo. Los dos últimos pueden resumirse en uno: la Técnica. Ninguno de esos principios fue inventado por el siglo XIX, sino que proceden de las dos centurias anteriores. El honor del siglo XIX no estriba en su invención, sino en su implantación: Nadie desconoce esto.”
“Pero no basta con el reconocimiento abstracto, sino que es preciso hacerse cargo de sus inexorables consecuencias.”
“Antes, aún para el rico y poderoso, el mundo era un ámbito de pobreza, dificultad y peligro.”
“El mundo que, desde el nacimiento rodea al hombre nuevo, no le mueve a limitarse en ningún sentido, no le representa veto ni contención alguna sino que, al contrario, hostiga sus apetitos que, en principio, pueden crece indefinidamente.”
“Pues acontece y esto es muy importante que ese mundo del siglo XIX y de comienzos del siglo XX, no sólo tiene las perfecciones y amplitudes que de hecho posee, sino que, además, sugiere a sus habitantes una seguridad radical en que mañana será aún más rico, más perfecto y más amplio, como si gozase de un espontáneo e inagotable crecimiento.”
“Todavía hoy, a pesar de algunos signos que inician una pequeña brecha en esa fe rotunda, todavía hoy, muy pocos hombres dudan que los automóviles serán, dentro de cinco años, más confortables y más baratos del que los del día de hoy. Se cree en esto lo mismo que en la próxima salida del sol. El símil es formal.”
“Porque, en efecto, el hombre vulgar, al encontrarse con ese mundo técnica y socialmente tan perfecto, cree que lo ha producido la “Naturaleza” y no piensa nunca en los esfuerzos geniales, de individuos excelentes, que supone su creación. Menos todavía admitirá la idea de que todas esas facilidades siguen apoyándose en ciertas difíciles virtudes de los hombres, el menor fallo de los cuales volatilizará, rapidísimamente, la magnífica construcción”.
En la escuela primaria nos enseñaron que Don José de San Martín nos decía: "Serás lo que debas ser o si no no serás nada”. Nunca comprendimos bien esa frase. Ahora que la Argentina está siendo llevada a "la nada" , la comprendemos plenamente.
Por no haber prestado oídos a las grandes enseñanzas de nuestros preclaros próceres, especialmente a los de la generación del ’80 y a la de los pensadores mundiales de la libertad, y sólo prestarse oídos a las ideas marxistas, a las fascistas y a las de la "Justicia Social", la República Argentina terminó en "La Nada".
Pero aún estamos a tiempo de que sea, de una vez por todas, lo que debe ser: "Una Nueva y Gloriosa Nación".
El camino para la recuperación de Argentina consiste, entonces, en suplantar el paradigma erróneo de pensamiento estático, por el paradigma correcto de pensamiento dinámico y en suplantar el sofisma, mentira, o falacia de la “Justicia Social” y su asociado "La redistribución de la riqueza", por un modelo de verdadera Libertad y Gran Crecimiento. Libertad y Crecimiento que nunca tuvimos los actuales argentinos.
Consiste en producir un cambio revolucionario en nuestras mentes, confundidas por la prédica errónea de nuestros dirigentes.
Reiterando lo que tan bien dijera Ayn Rand:
“Una verdadera revolución comienza en la mente de las personas, no en las calles”
Y si de grandes pensadores hablamos, recurramos también a Goethe:
"Es más fácil percibir el error que encontrar la verdad, puesto que el error se halla en la superficie y se lo ve fácilmente. En tanto que la Verdad descansa en las profundidades, a donde pocos están dispuestos a llegar en su búsqueda"
Agreguemos que cuando los ciudadanos perciben que el Estado, como decía el gran pensador Julián Marías, en lugar de ser como la piel que protege sin molestar, sin que se sienta, los ahoga o asfixia, sufren un enojo interior, el que los hace pésimos contribuyentes. Porque el impuesto confisca sus trabajos, sus bienes, diluye sus sueños y sus vidas. Pero un impuesto bajo, razonable, que no moleste ni perjudique, es aceptable por la naturaleza humana. Y entonces surge, automáticamente, el deseo de colaborar con el buen gobierno, de tributar.
A los argentinas nos han hecho sufrir exactamente lo contrario. No tenemos un estado que, como la piel, nos proteja sin molestar. Tenemos un estado que nos ha apretado, ahogado y asfixiado. Pues los altos impuestos provenientes de la falacia o engaño de la “Justicia Social”, han confiscado nuestros trabajos y nuestros bienes, han diluido nuestros sueños y arruinado nuestras vidas.
Antes de terminar vale la pena agregar un pensamiento de Shakespeare, expresado a través de Hamlet:
“Y ahora queda firme que descubrimos la causa de este efecto, o mejor dicho, la causa de este defecto, por cuanto la causa de este efecto defectuoso proviene de esa causa”
Argentinos:
Ahora sabernos lo que nos pasa, y cual fue la causa de esta Argentina defectuosa, confundida, empobrecida, deudora y anémica.
La cansa se llamó “Justicia Social”. La que, con sus altos gravámenes, destruyó la vida, la honra, el trabajo y las esperanzas de los ciudadanos productivos. La “Justicia Social” se transformó en un mecanismo aniquilador de la Economía Libre, verdadera Generadora de la Riqueza de la Nación.
La solución, el camino para la Gran Recuperación, consiste en exigir y en lograr obtener, de nuestros dirigentes, que se implante, de una vez por todas en Argentina, la Verdadera Libertad y la Verdadera Justicia.
Y para finalizar, nada mejor que un pensamiento central de Hayek:
“Si hemos fracasado en el Primer intento de crear una Sociedad de Hombres Libres, tenemos que intentarlo de nuevo. El principio rector que afirma que no existe otra política, realmente progresista, que la fundada en la Libertad del Ciudadano, sigue siendo tan verdadero hoy, como lo fue durante los siglos anteriores”
Oscar Jacinto Arca
Ingeniero
Exprofesor Titular por concurso de Centrales y Estaciones Eléctricas y Exprofesor Titular de Economía de la Energía
Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba
jueves, 18 de septiembre de 2008
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